Cuando sufro no me aburro, cuando sufro vivo intensamente y mi vida es interesante, llena de emociones y peripecias. En verdad, sólo vivo cuando sufro, es mi manera de vivir. Pero algo en mí no quiere sufrir. Alejandra Pizarnik.

19 jul. 2009

Yo (y por qué yo en un blog como este)


Yo. La de veintinada, recién leía un blog que me pasó mi mejor amiga muy similar a este. Ok, sí, la idea no es original: Vamos a hablar de hombres.

Hoy justo se me había cruzado la idea de empezar a escribir sobre hombres. A mí, la de veintinada. ¡Qué tanto puedo tener para decir! Bueno, bastante. Y lo que no tenga, lo robaré de historias ajenas. Según esta mejor amiga, que reclama la continuación de alguna de mis historias suspendida en el tiempo y el espacio, a mí esto me tendría que salir bien.
Así que me embarco en este nuevo proyecto.

Yo, con mis pocos años, voy a hablar de hombres. Yo, la que tiene muchos amigos varones y pocas amigas mujeres. Justo yo, y trataré de ser justa. Dudo que lo sea. En el amor, nunca se es justo. Porque es cierto, son odiosos, los puteamos, lo reputeamos, juramos y recontra rejuramos que sin ellos estaríamos mejor, que son unos cobardes (uy, cuántas veces me escuché a mí misma decir esto), que son todos iguales... pero no son todos iguales. No son todos cobardes. Algunos muy rapiditos, otros lentos, otros cobardes, otros gays, otros tiernos, otros cavernícolas. Hay de todos los colores. Como nosotras.

Y lo peor de todo, es que los seguimos buscando. Disimuladas, desesperadas, distraídas, o como sea, pero todas los buscamos. Malditos, recontra malditos, malditamente necesarios.









* Me queda aclarar, que las entradas que tengan la imagen de "malditamente necesarios", no corresponden al sitio de Glendora, sino a una suerte de proyecto paralelo que pensaba dedicarse a hablar de hombres, de mujeres y de las relaciones entre ambos. En un momento me parecía una genial idea. Después me di cuenta de que no sabía tanto como para hacerlo. Lo que llegué a hacer, está aquí, en la página del Reptil, con su correspondiente etiqueta de Malditamente necesarios.

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